Bio pretenciosa

En tercera persona como los famosos:

Martín Lima

Nació el 17 de octubre —día de la lealtad popular y de la madre— en el año en que el país aprendía a hablar en voz baja. Desde entonces entendió que toda fecha es una contraseña y que todo origen es, también, una ficción conveniente. Vivió muchas vidas, murió muchas veces y renació otras tantas, aunque nunca en el mismo cuerpo ni con el mismo nombre interior. Aprendió pronto que la identidad no es una raíz sino una mudanza.

Pasó por casas prestadas, galpones abandonados, habitaciones sin puerta y hasta pleno Caballito, donde el ruido parecía una respiración ajena. Nadie sabe con certeza cuántos fueron los lugares que habitó, ni cuántas pieles dejó colgadas detrás de una silla. Cada mudanza fue un ensayo general del exilio; cada regreso, una forma modesta de victoria.

Hoy vive en Gerli, rodeado de libros subrayados, computadoras encendidas y silencios que no siempre son pacíficos. Aprendiz de todo, maestro de nada: esa es su disciplina. Escribe textos y programa videojuegos como quien traza mapas de un territorio que todavía no existe.

Cada proyecto es un intento de recordar quién fue, o de inventarse mejor. Publicó en libros y revistas, pero sospecha que las verdaderas publicaciones ocurren en la memoria de quien lee.
En cada página en blanco busca fundar un mundo. Y aunque dice que persigue un destino, empieza a aceptar que tal vez el viaje —con sus errores, sus ruinas y sus reinicios— sea la única patria posible.